ONCE TIPOS DE SOLEDAD

por Richard Yates | Fiordo Editorial | Selección octubre 2019

Hay algo que quizá esté presente en la mayoría de los cuentos de Richard Yates, en su libro Once tipos de soledad (editorial Fiordo). Al menos, algo que funciona como un disparador para pensar ciertas cuestiones relacionadas a la experiencia humana frente al otro. Ese disparador serían las apariencias.
 

En muchos de los cuentos podemos ver cierta dualidad en la construcción del protagonista. Una dualidad que no es otra cosa que el resultado de una apariencia: lo que vemos, y justamente, lo que no vemos. Siempre el otro se nos presenta como una incógnita, una incertidumbre que intentamos abordar, muchas veces hasta con cierta violencia. No es la primera vez que podemos pensar al otro como una figura inquietante que nos lleva a elegir en qué lugar ubicarnos en esa relación.
 

Sin detenernos tanto en eso, los cuentos son una muestra de lo mucho que esconde el otro a la hora de relacionarse con los demás. Pero vemos que ese esconder no es otra cosa que un refugio, una elección de ese otro que se muestra distante, misterioso, como forma también de protegerse a sí mismo. Yates tiene el talento de construir y mostrar personajes significativos a partir de lo mucho que no nos dice de ellos. Hay algo en los comportamientos de esos personajes que nos llevaría (o debería llevarnos) a pensar que hay algo más, y en muchos casos, ese algo más puede ser una cierta soledad. Es justamente eso lo que parece definir la identidad, que no es otra cosa que la construcción de todo lo dicho y no dicho.
 

Pensábamos en eso al leer cada uno de los cuentos. Una invitación a imaginar que en el otro siempre hay mucho más de lo que vemos, y no solo eso, hay mucho más que esa imagen que nosotros nos construimos del otro como prejuicio. Es inevitable hacernos una idea del otro, sí. Pero también habría que saber que esa idea nunca es totalizadora, nunca es una imagen perfecta, cerrada, ni mucho menos, real. El otro, en muchos aspectos, es siempre inaccesible. Y debería ser eso lo que tendría que llevarnos a una empatía mayor a la hora de analizar las actitudes de los demás.  
 

¿Cuánto, del prejuicio que hemos construido, deja afuera toda esa otra complejidad que el otro no me quiere mostrar?


En cada una de las historias de Once tipos de soledad, tenemos personajes que luchan contra deseos internos, y contra su propia historia. Y acá quizá aparezca otro de los talentos de Yates: el de dejarnos ver (con unas pocas pinceladas) cómo eso en algún momento aflora, aparece en la superficie, toma nuestra identidad y le da un matiz que parecía no tener. En alguna de las tantas decisiones que tomamos, esa otra parte que no vemos, aparece, aunque sea confusa, o de manera un tanto inexplicable. Y esto quizá tire a la basura un reflexión popular que dice: no esperaba que hiciera eso.


Vos no lo esperabas, por tu idea incompleta (siempre) del otro. Pero el otro, se te escapó.

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