EL NADADOR EN EL MAR SECRETO

por William Kotzwinkle | China editora | Selección mayo 2019

Si bien es una novela autobiográfica, a los ojos de las declaraciones del autor y lo que se supo luego sobre el libro, podríamos decir que El nadador en el mar secreto no cae en la tendencia o estilo que marca a este tipo de libros. Es decir, la sensibilidad del autor no es puesta en primer plano, no hay una exigencia para con el lector de identificarse con los sentimientos, ni con lo que el protagonista autor piensa. En vez de narrar bajo una óptica que interpela al lector bajo la consigna "¿no saben lo que me pasó?, el autor nos desacomoda bajo una estructura que es más cercana a mirar junto a él lo que acaba de suceder. Y por otra parte, la historia no resulta forzada ni exigida para intentar que lo autobiográfico caiga en el error de exacerbar una experiencia como si esta fuera original, única o hasta sorprendente. 

El talento del autor reside en invitarnos a pasear por un hecho traumático, narrado por momentos desde la más absoluta incomprensión, pero sin exageraciones. Es como si Kotzwinkle reflexionara en vivo sobre el hecho de que su bebé, tan esperado, naciera muerto después de un parto que no presentó ninguna complicación. Y quizá, haya en alguna parte de la historia, cierta mención a la frialdad con la que los médicos, enfermeras y personal administrativo viven los nacimientos. Pero sin un juicio de valor al respecto. Lo que hay es un contraste entre la dimensión sorprendente de la reproducción y lo que es a ojos de los médicos una operación más. 
 
Historia breve, circunscrita cronológicamente al día del parto y sus siguientes 24 horas, El nadador en el mar secreta muestra una experiencia que tiene infinidad de matices. El deseo de la maternidad y la paternidad, los avances del embarazo, la intervención de los profesionales médicos, la expectativa, la burocracia de la salud, y por último, maneras de sobrellevar una tragedia. Y en ningún momento de todos esos grises mostrados a pequeñas pinceladas, hay una bajada de línea o la descripción de posturas irreversibles. Más bien, y pareciera ser el gran acierto del libro, acompañamos a los protagonistas casi de la mano, como si fuésemos un familiar cercano que también se ve afectado por la muerte.
 
Finalmente, El nadador en el mar secreto refleja una postura admirable en cuanto a enfrentar la muerte de un bebé de la manera tal cual se presenta: es decir, con silencios, poniendo palabras de a poco, apoyándose en alguien cercano, y flotando en un estado de incomprensión que deja al cuerpo expuesto al entorno. Resulta todo lo contrario a una postura tipo de "aquí no ha pasado nada". Y debe ser por ello que la novela resulta efectiva en no extenderse más allá de esas primeras horas. El resto no importa, lo que sigue ya no será igual. Lo que hay es un estado de asimilación, una grabación de un instante que nunca se irá del todo. Es el derrumbe de un amor y una espera que se construye a partir de la imaginación de alguien que vendrá, que vemos moverse, que sentimos, pero que no conocemos aún.

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